viernes, 25 de julio de 2014

Al Cerro Ancon (Por: Amelia Denis De Icaza)

Ya no guardas las huellas de mis pasos, 
ya no eres mío, idolatrado Ancón: 
que ya el destino desató los lazos 
que en tus faldas formó mi corazón. 

Cual centinela solitario y triste 
un árbol en tu cima conocí: 
allí grabé mi nombre, ¿qué lo hiciste? 
¿por qué no eres el mismo para mí? 

¿Qué has hecho de tu espléndida belleza, 
de tu hermosura agreste que admiré? 
¿Del manto que con regia gentileza 
en tus faldas de libre contemplé? 

¿Qué se hizo tu Chorrillo? ¿su corriente 
al pisarla un extraño se secó? 
su cristalina, bienhechora fuente, 
en el abismo del no ser se hundió. 

¿Qué has hecho de tus árboles y flores, 
mudo atalaya del tranquilo mar? 

Mis suspiros, mis ansias, mis dolores, 
te llevarán las brisas al pasar! 

Tras tu cima ocultábase el lucero 
que mi frente de niña iluminó: 
la lira que he pulsado, tú el primero 
a mis vírgenes manos la entregó. 

Tus pájaros me dieron sus canciones; 
con sus notas dulcísimas canté, 
y mis sueños de amor, mis ilusiones, 
a tu brisa y tus árboles confié. 

Más tarde, con mi lira enlutecida 
en mis pesares siempre te llamé: 
buscaba en t i la fuente bendecida 
que en mis años primeros encontré. 
¡Cuántos años de incógnitos pesares, 
mi espíritu buscaba más allá 
a mi hermosa sultana de dos mares, 
la reina de dos mundos, Panamá! 

Soñaba yo con mi regreso un día, 
de rodillas mi tierra saludar; 
contarle mi nostalgia, mi agonía, 
y a su sombra tranquila descansar. 

Sé que no eres el mismo; quiero verte 
y de lejos tu cima contemplar; 
me queda el corazón para quererte 
ya que no puedo junto a ti llorar. 

Centinela avanzado, por tu duelo 
lleva mi lira un lazo de crespón; 
tu ángel custodio remontose al cielo 
ya no eres mío idolatrado Ancón!